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NUTRICIÓN Y DIABETES

12 JUNIO 2020

Alcohol y diabetes: los riesgos

Muchas personas, a la hora de debutar en diabetes, se preguntan: ¿cuánto alcohol puedo tomar? ¿Qué bebida me va mejor?

Vamos a partir de una base: no hay una cantidad ideal de alcohol en tu vida que no sea cero. Nada. Ni una gota. Tengas o no tengas diabetes. El alcohol no realiza ningún aporte positivo a tu organismo, son calorías vacías, y por eso lo ideal es apartarlo por completo de tu dieta.

Pero es cierto que está socialmente instaurado, y que hay celebraciones y momentos en los que a algunas personas le puede resultar un fastidio no poder tomar una cerveza o una copa.

Lo importante es que sepamos cómo actúa, y los riesgos que supone tomarlo. De hecho, lo primero que debemos hacer es hablarlo con nuestro médico, para que nos indique si podemos permitirnos beber un poco alguna vez. El primer requisito que éste nos pondrá será que tengamos la diabetes muy bien controlada. Pero incluso si es así, nos lo prohibirá con toda seguridad si tenemos la presión alta, enfermedad ocular diabética, los triglicéridos altos, o si estamos intentando bajar de peso.

El principal riesgo de tomar alcohol es el de sufrir una hipoglucemia. El hígado es el encargado de liberar glucosa al torrente sanguíneo, y no lo hace correctamente mientras está descomponiendo el alcohol, por lo que nuestros niveles de glucosa van a bajar.

Además, acumula las calorías del alcohol como grasas, alterando su respuesta a la insulina. Eso ocurrirá durante al menos una hora desde que hayamos bebido, un tiempo que se prolonga cuanto mayor sea la ingesta de alcohol, provocando que las bajadas de glucosa se alarguen hasta 24 horas, siendo muy comunes las hipoglucemias durante la mañana siguiente.

Por eso, antes de beber es importante avisar a alguien de nuestra condición, y llevar un brazalete identificativo, ya que los síntomas de la hipoglucemia podrían confundirse con los de una intoxicación etílica. También es igualmente importante no beber con el estómago vacío, preferiblemente habiendo consumido hidratos de lenta absorción (cereales integrales, legumbres, hortalizas…), para que compensen el efecto hipoglucémico del alcohol.
Por supuesto, comprobar nuestros niveles antes, durante y tras la ingesta es imprescindible, para reaccionar cuanto antes a un bajo nivel de glucosa. Es muy importante un último control antes de acostarnos, para evitar una hipoglucemia nocturna.

La cosa se complica más aún, porque al efecto hipoglucémico del alcohol hay que añadir la cantidad de carbohidratos que poseen la mayoría de las bebidas. Los licores suelen ser los que más azúcar tienen. Aunque no debemos olvidar que muchas veces el alcohol va mezclado con refrescos y otras bebidas, por lo que lo mejor es servirnos nosotros mismos para poder llevar un control de lo que estamos consumiendo.

Por si todo esto no fuese suficiente, el alcohol interfiere con varios medicamentos para la diabetes, poniéndonos en mayor riesgo de hipoglucemia y también de hiperglucemia, según el medicamento. Nuevamente, consultar a un especialista es la recomendación a seguir.

Si después de leer todo esto aún te quedan ganas de beber algo, diremos que lo mejor es optar por bebidas de baja graduación como cervezas light o vino seco. Es importante beber despacio y con moderación. Podemos diluir la bebida en agua, para así consumir el alcohol más despacio. ¡Si eres de los que no son capaces de moderarse, entonces lo mejor es no beber!

Por último, ¿cuánto bebemos? Insistimos en que lo ideal sería no beber nada, pero si nos queremos dar un capricho, lo ideal es quedarnos entre una y dos bebidas, según la constitución. La medida de una bebida sería un tercio de cerveza, una copa de vino (150 ml), o un cóctel de unos 40 ml de una bebida espirituosa.

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