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TRATAMIENTO Y DIABETES

19 JUNIO 2020

Así se usa correctamente una pluma de insulina

Si utilizas una pluma de insulina, puede que más de una vez te haya surgido una duda muy común: "¿Lo estaré haciendo bien?".

Hay errores muy comunes, y otros no tanto, pero en los que podrías estar incurriendo por desconocimiento. Por eso hoy vamos a dar algunos consejos para un correcto uso de la pluma de insulina.

Lo primero que debemos hacer antes de manipular la pluma es lavarnos las manos, para evitar transmitir ningún germen a la pluma.

Luego, nos aseguramos de que estamos usando la pluma correcta, tanto por el tipo de insulina (si usas distintos tipos) como de no estar abriendo una pluma nueva teniendo otra ya abierta, para que se nos acabe estropeando alguna de las dos.

También debemos comprobar que la insulina está bien. Nos daremos cuenta de que está mal si está más oscura de lo habitual, presenta grumos, o parece cristalizada.

La pluma debe aplicarse a temperatura ambiente. Una vez abierta, es suficiente con que esté en un lugar fresco y seco, alejada del calor y la luz solar directa. Si la mantienes en el frigorífico, dolerá más su aplicación. Solamente se recomiendo mantener en el frigo las plumas que aún no has abierto. Eso sí, una vez que la pluma lleva cuatro semanas abiertas debemos llevarla a un punto limpio, aunque tenga insulina dentro.

Es importante cambiar la aguja. Aunque no lo veas, ésta se deteriora con cada pinchazo, lo que puede provocar más dolor, además de ser una fuente de infecciones. No tires el protector externo de la aguja cuando la coloques, ya que volverás a utilizarlo cuando retires la aguja de la pluma.

Una vez colocada la aguja y retirados todos los protectores, pasaremos a purgar o cebar la pluma, colocándola hacia arriba. Normalmente el marcador de dosis se coloca en dos. Daremos un leve toque a la pluma para que las burbujas suban, y apretaremos para que salga el aire y aparezca una gota de insulina en la punta de la aguja. Si esto último no ocurriese, volveremos a repetir el proceso. Si la gota no saliese, puede ser un problema de la aguja o de la pluma. Para comprobarlo, probaremos a cambiar la primera, volviendo a realizar la purga.

Hay que variar la zona en la que te pinchas, para evitar sufrir una lipodistrofia del tejido graso de la piel que dificulta la correcta absorción de la insulina. Y también debemos tener en cuenta que la insulina se absorberá de forma más rápida si la inyectamos en una zona en la que vayamos a ejercitar de forma instantánea, acabemos de recibir un masaje, esté caliente por efecto del sol o algún tipo de aparato… ya que todas estas circunstancias dilatan los vasos sanguíneos de la zona.

La presión sobre la pluma la haremos poco a poco, no podemos apretar hasta el fondo de forma directa.

Y no olvides que, si coges un pliegue, no debes soltar éste hasta que hayas terminado de inyectar la insulina. También debes recordar contar hasta cinco una vez que el marcador de la pluma llega a cero. Esto evita que la pluma gotee, y no recibas la dosis completa de insulina.

Por último, una vez finalizada la inyección, es importante retirar la aguja en el momento, y no esperar a cambiarla antes de la siguiente toma, ya que esta aguja es un “portal” por el que podrían llegar bacterias al interior de la pluma. Colocaremos el protector a la aguja, colocaremos el “capuchón” a la pluma, y procederemos al correcto descarte de la aguja en un contenedor de objetos punzantes.

Como veis, no se trata de instrucciones complicadas, simplemente de implementar una rutina que evite todos los riesgos innecesarios.

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