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08 JUNIO 2020

Diabetes y verano

El calor y la diabetes son una mala combinación. El calor alto afecta a los niveles de glucosa, y potencian los efectos de una hipoglucemia. Por eso ahora que llega el verano, debemos prepararnos y seguir unos consejos que nos ayuden a disfrutar de las vacaciones, la playa y la piscina sin riesgos.

Lo primero que debemos hacer es mantenernos hidratados. El sudor nos deshidrata, lo que puede incrementar nuestros niveles de glucosa y complicar su eliminación. Bebed suficiente agua, y evitad las bebidas alcohólicas o con cafeína.

Por contra, el calor y la humedad suelen acelerar el metabolismo, lo que puede acrecentar el efecto de la insulina y llevarnos a una hipoglucemia. Además, algunos síntomas iniciales como la sudoración excesiva podemos darlos por normales debido a la temperatura.

Debemos estar atentos, y extremar el control de glucosa cuando vayamos a hacer ejercicio, o a realizar actividades peligrosas como, por ejemplo, conducir.

Sobra decir que mantenernos a la sombra es muy importante. Para evitar acalorarnos, y también para la salud de nuestra piel. Usad protector, y no andéis descalzos, especialmente en sitios calientes y si sufrís síntomas de neuropatía. ¡Podríais quemaros los pies sin daros cuenta! El sombrero es también una prenda a añadir a vuestro vestuario.

Precisamente las neuropatías, junto al daño en algunos capilares que puede provocar la diabetes, hacen que el cuerpo no se refrigere de forma correcta. Por eso, muchas personas con diabetes son más propensas a sufrir un peligroso golpe de calor.

Os recordamos también que el calor afecta a la conservación de la insulina. Quizá venga bien recordar los consejos de conservación de la insulina que os dimos en su momento en este blog.

Por último, el calor y las vacaciones suelen hacer que cambiemos nuestra rutina habitual. Debemos ser conscientes de ello, y ajustar nuestros controles y nuestras dosis de insulina a esta nueva rutina que adoptamos durante los meses estivales.

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