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26 JUNIO 2020

Embarazo y diabetes (II): los riesgos

Vimos en el post anterior la importancia de mantener un buen control de la glucosa y cuidar el ejercicio y la dieta para minimizar los riesgos del embarazo. Pero nos faltaba enumerar cuáles son esos riesgos, para mentalizarnos de la importancia de seguir dichas recomendaciones.

Y es que el embarazo va a modificar muchos mecanismos del metabolismo de la madre. No sólo van a producirse cambios anatómicos, también aumenta el almacenamiento de glucógeno, el feto utilizará más glucosa, también cambia la absorción de grasas…

En definitiva, el embarazo va a tender a descompensar la diabetes. Durante los primeros meses tenderá a conducirnos hacia la hipoglucemia, mientras que la tendencia será a acercarnos a la hiperglucemia a medida que pasen las semanas.

Por ello, los controles deben ser más habituales de lo normal. Y no debemos limitarnos a realizar más controles de glucemia cada día, además debemos medir los cuerpos cetónicos en orina. Las revisiones ginecológicas, por norma general, también van a ser más frecuentes que las de una futura madre sin diabetes.

El embarazo también favorece, como la diabetes, la hipertensión, especialmente si llevamos un mal control de la diabetes. Por ello volvemos a la importancia de la dieta, y de reducir el consumo de sal, café y otros elementos que puedan aumentar la presión arterial.

Si tenemos la presión arterial alta, proteína en la orina (normalmente en forma de espuma) y una inflamación en los dedos de las manos y los pies, puede que estemos ante una peligrosa preeclampsia, que puede provocar problemas cerebrovasculares a la madre, especialmente durante el parto.

Uno de los factores que hacen que aumente esta presión sanguínea es el mayor volumen de líquido amniótico en las mujeres con diabetes embarazadas. Esto, además, provoca un mayor riesgo de parto prematuro.

En cuanto al feto, ya hemos comentado los riesgos de un nivel elevado de azúcar durante las primeras semanas. A ello hay que sumar que, si la madre tiene alguna complicación vascular debido a la diabetes, entonces la placenta no recibirá un buen riego que sirva para nutrir correctamente al feto, pudiendo provocar un retraso en el crecimiento.

Por contra, si durante los dos últimos trimestres se entra en una hiperglucemia, ésta se trasladará al feto. Eso conlleva consecuencias para el bebé, que nacerá con tendencia a sufrir hipoglucemias, a la vez que alteraciones en el calcio, entre otros problemas.

Para la madre, el aumento del tamaño del feto aumenta las posibilidades de desgarros durante el parto, o de la necesidad de una cesárea.

Ojo también, porque, aunque termine el embarazo, no finalizan los riesgos. Las hormonas gestacionales, las de lactancia, la falta de ejercicio durante los últimos meses, el aumento de grasas y de ingesta… todos esos factores afectan a la madre durante los primeros meses de vida del niño (a lo que quizá haya que sumar una falta de descanso adecuado, dependiendo del comportamiento del bebé). La necesidad de insulina disminuye respecto a la de las últimas semanas de gestación, y toca seguir realizando controles regulares hasta que la glucosa se estabilice y todo vuelva a la normalidad previa al embarazo… ¡salvo que ahora hay un bebé en casa!

Y recuerda que, como decíamos en el primer post, todo pasa por realizar un correcto control de la diabetes. Es importante que la madre sepa que no está sola, y que, si se mantiene la glucosa a raya, el embarazo no va a diferir de el de una madre sin diabetes.

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